
“Las opiniones vertidas en este blog no representan necesariamente mi propio pensamiento, y son de exclusiva responsabilidad de quienes la toman en cuenta”.
No sé si vale la pena escribir lo que voy a escribir, porque estoy plenamente convencido que me dirijo a una masa de idiotas con menos sesos que un mosquito y estoy seguro que no entenderán nada. Pero voy a hacerlo de todos modos por respeto a las dos o tres personas que se pasean por acá y que no pertenecen a la masa de imbéciles.*
La Moral de los Buitres es un blog producto de una mente enferma y retorcida (o una genial e innovadora, depende del post). Ningún artículo tiene ninguna relación con el mundo real (si es que usted se atreve a definir “real”). Todo lo escrito corresponde a una opinión personal, nada más y nada menos.
Cualquier coincidencia con nombres, personas o lugares reales es eso: una coincidencia. Si usted se siente ofendido por algo de lo aquí expuesto, por una opinión o comentario, le recomiendo que busque otra página que leer. Internet está lleno de miles de sitios interesantes y divertidos, no gaste energía ni tiempo con los que no le gustan. Tómelo como un sano consejo desinteresado. Sin embargo, si no está dispuesto a seguirlo, no espere que su opinión me importe un carajo.
Mis instrumentos indican que su opinión importa una mierda.
No escribo para ser justo. No escribo para que a usted le guste. No escribo para darle voz a los desamparados. No escribo buscando ninguna idea de objetividad. No escribo para respetar a nadie. No escribo para hacer justicia. No escribo para denunciar. No escribo para ser políticamente correcto. No escribo para ser un idiota dospuntocero. No escribo para sentirme especial, intelectual, artístico, innovador, irreverente, constructivo ni cualquier otra mierda que a usted se le ocurra. Escribo porque me gusta, porque me divierte. Eso es todo. Si a usted no le gusta lo que escribo, no me interesa.
Sin embargo, si pudiese elegir una reacción provocada por todo lo que he escrito, es esta:
Quizás no lo hayan notado, pero por lo general todo lo que escribo aquí tiene una característica peculiar. Como subestimo la capacidad craneana de cada una de las personas que me leen (si me leen es porque no tienen nada mejor que hacer con su tiempo, y eso me parece lamentable), voy a explicarlo con peras y manzanas, que son las frutas ideales para una explicación**.
Según mi Departamento de Encuestas, la mayoría de las personas consideran que este es un blog de “opinión”. Es decir, un pelagatos cualquiera (yo) escribe lo que piensa sobre “la actualidad de Chile y el Mundo”.
Eso es muy inexacto. De hecho, sería una muestra de ingenuidad muy graciosa (por no decir imbecilidad supina) que se crea que alguien tiene una cierta opinión porque la escribió en su blog. Esa idea de un contrato de honestidad (escribo lo que pienso, sólo lo que pienso y nada más que lo que pienso) no tiene ningún asidero verosímil. No se puede decir que este es un blog de opinión, porque usted no pude asumir que lo escribo es realmente mi opinión sobre algo. Que no salga nadie a decir “entonces es un blog de no-opinión, puta que novedoso”, porque tampoco se trata de eso.
Alguien pensará que mi intención es tener un espacio políticamente incorrecto, algo así como una trinchera de pseudo maldad donde alguien dice “Negro” yo respondo “de mierda”. Leyendo algunas de las verdades demoledoras que he escrito, es fácil creer que todo lo que hago es tratar de molestar a la gente escribiendo cosas que a la mayoría no le gustan.
Eso es también inexacto. No voy a negar que me importa poco que a alguien le molesten mis palabras. Pero escribir para llevar la contra implica esa vieja lucha dual del Bien y el Mal en la que se necesita al menos un oponente. Si no hay adversario, no tengo razón de existir. Esa actitud frente a la vida me parece lamentable y no la comparto.
¿Entonces? ¿De qué se trata todo esto? Este no es un blog sobre política, noticias u opinión. Sí, claro que hay algo de eso. No es un blog sobre música, o sobre mis iluminadas experiencias, aunque también hay un poquito de eso.
Este es un blog sobre el lenguaje.
Sí, el lenguaje.
Cada pequeño fragmento de idea que esté en cada una de sus cabecitas es una fracción infinitesimal del lenguaje. La realidad completa que está alrededor de todos nosotros existe en tanto haya un lenguaje para describirla. Y la capacidad de conocer y manejar ese lenguaje es posiblemente el arma más poderosa que pueda existir jamás.
Muchos de ustedes, incluso yo mismo, creen que son más inteligentes que el resto, al menos en algún sentido, más despiertos, más vivarachos, y al mismo tiempo tendemos a considerar al resto como ovejuno, lerdo, obtuso. Y sin embargo, todos somos parte de esa enorme maquinaria basada en un lenguaje creado por otros, asimilado por otros y cuyos frutos son para otros***.
Yo no escribo verdades demoledoras, sólo escribo y procuro usar el lenguaje para demostrar mi acierto, sin importar si es un acierto o no, sólo para demostrar que puedo demostrarlo. Muchas discusiones tienen que ver más con cuestiones semánticas y conceptuales con que la cosa verdadera que las atañe. Una vez alguien (ejem, ejem) dijo que yo “disfrutaba meter la mente de las personas en una licuadora, sólo para ver qué pasa”. Este blog se acerca mucho a esa definición. Incapaz de conversar frente a frente con todas las personas que me gustaría para hablar de todos los temas posibles, procuro hacerlo de manera general usando estas palabras como instrumento.
Supongamos que estamos en una sala de clases. Me pongo de pie, y expongo algún argumento. Escribo en la pizarra algunos datos, algunas ideas. Cuando me callo, la mayoría se queda en silencio. Alguien levanta la mano y pregunta u opina. De vez en cuando una persona indignada me indica que lo mi opinión está equivocada. Sin embargo, nadie parece cuestionar por qué estamos en una sala de clases. De vez en cuando más personas entran a la sala, otras se van. Algunas se quedan un rato y otras se retiran de inmediato. Pero la pregunta ¿por qué estamos en esta sala? sigue sin respuesta.
Escribo porque me gusta y porque me divierte. Escribo para ustedes, sí, pero no soy quien les procura diversión, son ustedes quienes me divierten. Juego a decir cosas y leer sus reacciones, sus comentarios, las búsquedas que traen gente, las conversaciones en persona por msn, facebook o twitter que se desarrollan a partir de lo que escribo. Uso las palabras para divertirme con ustedes y a costa de ustedes.
He esperado por mucho tiempo que alguien pueda decirme lo equivocado que estoy usando las mismas armas que yo utilizo. En general, creo que nadie lo ha conseguido (pero últimamente han habido buenos intentos, hay que decirlo). La mayoría de las respuestas que escribe la gente en este blog se resumen en tres tipos “Sí, estoy de acuerdo, me encanta tu blog”, “no, estás equivocado, eres un idiota” y “Leonardo Farkas por favor dame dinero”. Creo que esperar a que alguien haga una exposición de las herramientas que uso de manera tan burda es un inútil empeño. Hay algunos comentarios realmente notables, claro, que son siempre un halago y una reflexión. No espero que la gente escriba nada brillante, pero a veces sucede. Y eso es bueno, al menos para mí, porque significa que allá afuera no sólo hay gente, sino personas.

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