¿Copiar o no copiar? He ahí un dilema

11 comentarios »

Hace un par de días me llegó el correo de alguien que, en medio de la carrera, se topó con una situación clásica de la universidad, del colegio y, de algún modo, de la vida. ¿Qué es correcto hacer (o dejar de hacer) para avanzar? Comparto con ustedes el mensaje que me envió.

Actualmente voy en 3° año de Ingeniería y este semestre no me ha ido tan bien que digamos, pero hubo un hecho que me dejo pensando. En un ramo, los profes eran re pencas, a tal punto que mandaban al ayudante a tomar las pruebas y como te imaginarás todos aprovechaban para copiarse hasta los suspiros. No puedo decir que más de alguna vez recibí alguna ayuda, sin embargo la mayoría era descarada en ese sentido y no es el primer ramo en que lo hacen, por lo que me pregunte ¿sigo mis principios siendo honesto (pero que implica que me eche mas ramos) o me bajo al nivel del “todo vale” para pasarlos? Sé que en una primera impresión de querer salir luego de la u haría que escogiera la segunda opción, pero y la ¿ética y moral que se supone nos enseñan? o sea da lo mismo formar personas que se manejen en sus áreas pero que cuando tengan la primera oportunidad te pueden cagar (por dar un ejemplo exagerado). Es una especie de sobrevivencia, ya que al fin y al cabo todos son competencia, pero si a futuro pueden ser gente que tengas a cargo y conoces esas “actitudes” que tienen y que al final en la carrera te terminan perjudicando por no “jugar limpiamente”.

¿Quien no ha estado en esa situación? Mi compañeros de carrera recordarán a Rafael del Villar, un viejito que hace clases de semiología. A él no le interesaba que la gente se copiara, repetir las pruebas de los años anteriores, que le entregaran los trabajos atrasados. Si alguien quería aprender, que aprendiera. Si no, tampoco quería tenerlo en clase, ni obligarlo a repetir el año. Eso es, en términos académicos, la completa anarquía. Aún así, el primer año que tuve clases con él, me eché el ramo porque no fui a ninguna clase ni di ninguna prueba. Algunos compañeros míos fueron, antes del examen, a suplicar un poco, diciendo que tenían un trabajo atrasado, que les faltaba una nota y un montón de patrañas. Los dejó pasar a todos. A mí, en cambio, me dio vergüenza hacer eso, ser así de caradura y preferí repetir el ramo el año siguiente.

Cuando me tocó de nuevo hacer el ramo, hice más o menos lo mismo que el anterior: nada. No iba a clases porque me aburría (para qué  mentir, lo genial de Del Villar dura dos clases y después prefieres ir a emborracharte que escucharlo hablar en tres idiomas al mismo tiempo), y al final del semestre me encontré con que estaba de nuevo a punto de perder el ramo sin haber hecho nada por evitarlo. Me faltaban notas, no tenía trabajos en grupo, un desastre total.

¿Qué hice? Fui a hablar con él. Ese día tuve que ir temprano a trabajar fuera de Santiago. Volví en la tarde. Le pedí al tipo que me acompañaba que me pasara a dejar a la U en la camioneta de la empresa. Encontré al profesor haciendo clases en un posgrado. Esperé hasta el receso y me acerqué a decirle que me faltaban notas y que el examen era al día siguiente, con la indigna actitud de un perrito apaleado. Le dio lo mismo no haberme visto jamás en clases: me dejó dar dos pruebas juntas y el examen al mismo tiempo. Me había conseguido las pruebas anteriores (“conseguido” es un eufemismo para “las robé de compañeros que las tenían corregidas”) y respondí todo dejando un margen razonable de error. Al final del día, pasé el ramo. Egresé y me titulé.

¿Es malo copiar en una prueba? Depende. Preferiría que ningún médico copiara en su examen de anatomía. Pero sabemos que vivimos en una sociedad algo maquiavélica orientada a los resultados, y por tanto, necesitas tener suficiente entereza como para asumir que si te echas un ramo siguiendo tus principios, nadie te va a felicitar, sino que vas a tener que pagar un semestre o un año más de arancel, volver a levantarte temprano, volver a ir a clases, volver a gastar un montón de energía sólo para que en la noche no sientas remordimientos porque aprendiste poco y que aún así pasaste el ramo.

Hay un prejuicio implícito que relaciona el copiar en clases con “rebajarse de nivel”. Estoy en desacuerdo. Uno no va a la U a aprender realmente. Espera a que llegues al mundo laboral real para darte cuenta que la mayor parte de lo que escuchaste en tus clases es irrelevante, y te sentirás defraudado porque pueden pasar años hasta que aprendas lo suficiente para dejar de ser un pollito recién llegado al gallinero.

En la universidad uno va a pasar ramos. Conozco personas que completaron sus doctorados copiando investigaciones ajenas, o haciendo que sus alumnos investigaran y para que ellos sólo pusieran la firma. ¿Es correcto? ¿Es ético? Para qué estamos con cuentos, no lo es, pero muchos estamos, estuvimos o estaremos dispuestos a meternos nuestros principios por la raja cuando sea necesario. Sin embargo, no creas que uno no saca nada en limpio después de pasar por la Universidad. De semiología aprendí la nada misma con Del Villar, pero Juan Pablo Arancibia me abrió los ojos a una corriente completamente nueva de pensamiento (nueva para mí, claro). Leí libros completos de los que sólo pedían un par de capítulos, porque eso me gustaba. Que te vaya mal en un ramo no significa que vas a ser un mal profesional, pero si no pasas el ramo, no llegarás nunca a serlo. No significa ser un hijo de puta que pisotea al resto, pero tampoco es cuerdo desperdiciar las oportunidades que tienes que conseguir algunas cosas más fáciles.

Mi consejo es: no seas un idiota, pasa el maldito ramo. Si te sientes mal por haber usado un torpedo o que alguien te soplara las respuestas, compensa haciendo el bien en el mundo. Ofrécete como voluntario en Servicio País, o en fundaciones para niños con cáncer. Yo fui voluntario de una de esas, hace años, y créeme que cambia mucho tu perspectiva de lo que es importante. Pasa el ramo, eso no te hace mala persona. Estudia más, por tu cuenta, si sientes remordimientos. Si no lo haces, no te quejes después, cuando tus compañeros sean tus jefes porque aunque no sabían más que tú, pudieron aprender las habilidades que el mundo requería, y no las que tú pensaste que eran necesarias.