Manías de las mujeres: El "Juego Previo"

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Una de las cosas que las mujeres reclaman de muchos hombres es que en a la hora de tener sexo, más de la mitad de las veces no le interesa nada más que “llegar y meterlo”. Todo tiene una razón de ser, señoritas. Saquen lápiz y papel y anoten, porque se aproxima con meteórica velocidad otra serie de las demoledoras verdades que caracterizan este blog.

Un zorro viejo (y no tan viejo, también uno joven e incluso los armadillos están al tanto) sabe que a las mujeres hay que calentarles la sopa un buen rato. Sus posibilidades de obtener orgasmos aumentan cuando hay una cierta cantidad de “tensión” acumulada. Si la mina te pide que por favor se lo metas porque no aguanta más, es un buen indicio de que estás haciendo un buen trabajo. Todo hombre genuinamente quiere que la chica con la que está tenga la mayor cantidad posible de placer la mayor parte del tiempo, y todos los orgasmos que sea posible. Así, uno sabe que ella tendrá ganas de tener sexo mucho más seguido (porque lo pasa estupendo) y estará mucho más abierta a experimentar y ser más complaciente. Es una situación win-win.

Pero este proceso, llamado “el juego previo”, es mal entendido por muchas mujeres, que creen que es una obligación del hombre “calentarlas”. Se echan en la cama con cara de “ya, ahora tócame hasta que me den ganas.

No estimadas, no es así. Los hombres entendemos el juego previo como un asunto de estimulación mutua, no un “impuesto al sexo” que hay que pagar para no quedarse con las ganas (y un dolor de huevos que te lo encargo). Como dije antes, algunas mujeres se quejan de que los hombres preferimos evitar ese juego previo. Les anuncio que no es verdad que no nos guste, sino que lo evitamos activamente cuando se limitan a quedarse ahí, casi inmóviles, recibiendo cariño, atención, caricias y todas las tonteras que se “nos tienen que ocurrir” sin hacer nada, o casi nada.

La mayoría de las personas tienen una opinión bastante machista sobre este tema: si la mina no se entusiasma es “porque el hombre no supo calentarla”, como si el placer mutuo fuera responsabilidad única de los hombres. Podemos llegar a un acuerdo: el placer de ambos es responsabilidad exclusivamente mía si y sólo si aceptan la responsabilidad absoluta en caso de quedar embarazadas. En otras palabras: si no gozan es responsabilidad mía, si quedan preñadas, es su maldito problema. Deal?

Otro malentendido común es asumir que los hombres sabemos exactamente qué les gusta. Algunas dicen “es obvio, ¿cómo no se van a dar cuenta?”, pero ¿cómo carajos quieren que sepamos? Algunas quieren besos tiernos, caricias delicadas y susurros en el oído con dulces palabras de amor. Otras quieren que les saquen la ropa a tirones, las muerdan y les tiren el pelo mientras les dicen lo putas que son. Algunas quieren que cada juego previo sea como una película romántica (con pétalos, champaña, sábanas de seda, chocolates y música de película softcore), y otras que sea algo cortito para pasar rápido a la verdadera acción. Como en todo en la vida, hay infinitos matices, gustos y tendencias. Y quedarse calladas, señoritas, NO facilita las cosas.

Sacame el dedo del orto. Gracias.

Entre estos dos elementos, es muy fácil que las mujeres se sientan insatisfechas y los hombres molestos. Espero que salten los Machos Alfa a decirme que sus hembras viven en un constante estado de excitación orgásmica, que ellos saben muy bien lo que quiere cada una de sus mujeres y que ellos saben muy bien como dárselo. También espero que  las Hembras Alfa salgan a jorobar asegurando que ellas toman la iniciativa muchas veces, que siempre están dispuestas a experimentar y a probar cosas nuevas y que el sexo con ellas es una experiencia cuasi nirvanesca. El resto de nosotros (alrededor de 99,99% de la población mundial) queremos que nos digan qué les gusta y que no.

Sabemos también que a las mujeres les gusta saber lo que a uno quiere. Acá estamos todo un poco jodidos, pero la vida es muy corta para no pasarlo bien tirando sólo porque da lata decir o pedir algo. La palabra clave es “tacto”. Cualquier hombre o mujer se puede sentir ofendido si le dan instrucciones de mala manera. Pero es mejor un pequeño momento de enfado a cambio de saber lo que funciona y lo que no. Un problema clásico es que no todo sirve todo el tiempo: Si una vez a alguien le gustó que le pusieran manjar encima, va a querer pasar todo el tiempo embadurnado de dulce de leche.

Hablé antes de la confianza en la pareja. Acá tienen un ejemplo claro y concreto. Se necesita mucha confianza para decir lo que uno quiere y lo que no.

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