Terremoto en Chile: Algunas reflexiones (actualizado)

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Donde estaba

En el terremoto de 1985, tenía poco más de un año. No guardo ningún recuerdo del suceso. Nunca tuve miedo a los temblores. Alguien me dijo que era porque jamás había estado en un terremoto. Ahora que pasé por uno, sigo teniendo más miedo a la cartola del banco.

Desperté por el temblor, como muchos otros. (No, no estaba carreteando). Decidí enterrar la cabeza en la almohada para seguir durmiendo. Unos segundos después tuve que abrir los ojos. Me pregunté si era un terremoto, si era EL terremoto que se supone que debía llegar cada diez años. Se cayeron algunas cosas de una repisa y el televisor. Un temblor fuerte. Me senté en la cama y miré por la ventana. Todo se seguía moviendo, y parecía que los postes se iban a caer. Sonreí. Hay personas que se suben a una montaña rusa y se ríen mientras otros gritan y piden que se acabe, y que sienten que subirse fue una mala idea. Soy de las primeras.

Escuché algunas cosas caer en la cocina. Mi polola había despertado y estaba también sentada en la cama sintiéndose como milkshake. Me di cuenta de que tenía que vestirme. Mis suegros me tienen mucha estima, pero no tanta como para pasearme como mi madre me arrojó al mundo en medio de una emergencia. Encontré algo que ponerme cuando apareció mi suegro con una linterna. Bajé la escalera y vi miles de fragmentos de vidrio en el suelo. Un frasco de vinagre estaba quebrado en el suelo y el olor lo impregnaba todo. Abrí la puerta de la calle y salí al jardín. La luna llena dejaba ver con claridad, aunque no había electricidad en ningún punto al alcance de mi vista. Una ciudad a oscuras es un hecho tan infrecuente como hermoso ¿Miraron el cielo en la noche? ¿Cuando el tenue brillo de las pantallas de los celulares eran la única luz en kilómetros a la redonda? ¿Escuchando las voces ahogadas de los vecinos y los llantos de los niños? Espero que no hayan perdido esa oportunidad única.

Encontré mi celular y puse la radio. Ya estaban circulando las primeras noticias. Después de un rato, nos volvimos a acostar, pero escuchamos durante un rato. No gasté mi tiempo en tratar de llamar a nadie, las líneas, si es que aún funcionaban, sufrirían el síndrome de Año Nuevo.

Antes de quedarme dormido, me di cuenta que no había escuchado el aullido de ningún perro.

El mejor momento para el desastre

Nunca es un buen momento para un terremoto. Pero hay momentos menos malos, y éste fue uno de esos casos.

¿Si hubiese sido un día de semana? Imaginen el caos en las calles, con los edificios de oficinas llenos de secretarias histéricas y gordos oficinistas tratando de bajar las escaleras ¿En horario hábil? Congestión vehicular, centros comerciales con gente adentro, gritando y aplastándose al tratar de salir. El saqueo hubiese sido mucho mayor, los accidentes también.

Un sábado en la madrugada da tiempo suficiente para reaccionar (aunque el gobierno lo haya hecho muy mal) y llegar al lunes con un grado mayor de normalidad.

¿En invierno? ¿Con lluvia? Significaría miles personas sin casa buscando refugio, con los zapatos llenos de barro y la ropa empapada. El riesgo de aluviones y derrumbes se multiplicaría con cada réplica. El número de enfermedades crecería en los albergues repletos de niños: la delicia del virus sincicial. Cada camino se convertiría en una muralla infranqueable. El rescate de sobrevivientes atrapados en medio de los escombros sería en un esfuerzo dolorosamente inútil.

No es difícil darse cuenta de que Murphy tuvo la fortuna de equivocarse. Todo lo que sale mal saldrá mal, pero en este caso podría haber salido peor. Mucho peor.

¿Dónde está tu Dios?

Hace poco comentaba los motivos que tendría Dios para enviarle terremotos a la gente. ¿Nos está castigando Dios? ¿Por qué derrumba sus propias iglesias? Naturalmente, no hay respuesta, como jamás ha habido ninguna para cada desastre de la humanidad.

Tampoco la hay para explicar por qué hay personas que hacen fila para comprar combustible, cuando hay de sobra. ¿Serán huevones? ¿O es que nos caracterizamos por el miedo a no poder mover el auto?

He escuchado y leído a algunas personas que salen con pasteladas como “la tierra es un ser vivo, vivo, cuanto daño hemos hecho”. Terremotos y erupciones  hay siempre. También las cadenas de oración por Facebook y los grupos y mensajes de apoyo. Si quieren apoyar, muevan el culo del asiento! ¡Salgan a repartir ayuda! ¡Alojen gente en sus casas! Que sociedad más jodidamente hipócrita.

El lunes primero de marzo comienza el verdadero Bicentenario de Chile. Sin batucadas, sin serpentinas, sin anuncios parafernálicos. Con gente comprando radios a pila, linternas, botiquines y botellones con agua. Con el retraso tercermundista que nos caracteriza, porque vivimos en un país sísmico pero realmente no nos importa. Jamás no ha importado. No hay otra explicación para el caos, para los errores de la cadena de mando, para las construcciones deficientes, para las organizaciones de ayuda que no pueden llegar a ciertos lugares.

El festín de los medios

“Las malas noticias son buenas noticias”. Ese es una frase célebre del periodismo.  ¿Cuantas entrevistas a ingenieros, explicando por qué se caen los edificios y cómo evitarlo, han escuchado? (yo una). ¿Cuantas personas llorando y contando emotivamente su tragedia han tenido un minuto frente a las cámaras? (Yo he visto al menos 30). Y vamos dandole a la manivela de la desinformación, de las suposiciones, de las frases mal dichas, de los entrevistados basura. Vamos llenando de imágenes de casas derrumbadas, de gente durmiendo en el suelo.

Sin haber mirado/escuchado completa la maratón de noticias, he visto tantos errores de los medios que me dan risa y rabia a partes iguales. La gente tiene que entender que “cobertura” no es lo mismo que “información”. Que pasar horas parloteando no significa nada más que horas de parloteo. Es una lástima que además una gran oportunidad para dejar que el periodismo ciudadano llegue donde los medios no pueden se perdiera en “nos llegan mensajes de Twitter diciendo que están buscando a sus familiares”, como si alguien necesitara Twitter para enterarse de que la gente busca a sus parientes (y como si la mitad de Chile no hubiese estado sin electricidad, Internet o ambas).