Dios castiga a palos
24 comentarios »Reproduzco una conversación de msn que tuve hace muy poco:
Ale*: ¿Por qué Dios le manda terremotos a la gente que menos puede con ellos?
Boo!: Porque quiere eliminarlos de la faz de la tierra, no es evidente acaso? Dios no los ama. Por eso a Suiza le da mujeres hermosas y una economía sólida. A Haití, en cambio, desastres, guerra, hambruna y muerte. Es el designio de Dios.
Ale*: Eso no lo da Dios (guerras, hambre, etc.), se lo da Obama. Los terremotos sí son responsabilidad de Dios.
Boo!: ¿Dios no puede detener las guerras? ¿No quiere detener las guerras?
Ale*: Dios no puede detenerlas.
Boo!: ¿No puede? ¿Entonces no es omnipotente?
Ale*: Es que no lo es. Las ovejas se han revelado. Él sólo tiene poder en la naturaleza que aún le hace caso. ¿Por qué no manda a destruir Washington? Allí hay gente mala que debe morir.
Boo!: ¿Gente mala según quien? segun ellos mismos son buenos. Dios no puede tener moral, y si la tiene, ¿Por qué no actúa en consecuencia? Decir que “los caminos del Señor son misteriosos es simplemente una mala excusa. O quizás Dios no es tan bueno como lo creemos.
Ale*: Entonces no es Dios. Algo malo es algo que produce sufrimiento, tristeza, enfermedades, muerte. No es subjetivo.
Boo!: Si eso existe, Dios debe poder evitarlo. Si puede, y no quiere, es malvado. Si quiere, y no puede, ¿Por qué llamarlo Dios?
Ale*: No existe Dios. Esa es la única conclusión coherente.
Boo!: Si Dios no existe, ¿qué moral nos queda? ¿qué refugio? ningún otro salvo disfrutar de la belleza de la vida y la esperanza de que se descubra la fórmula de la inmortalidad antes de que nos toque llenar el ataúd.
Ale*:No debiésemos vivir en función de lo que suponemos que quiera un Dios bueno. Todos saben lo que es bueno. Ese Dios debiesen ser las personas. Que viviéramos pensando en nosotros y las otras personas, no en un Dios.
Boo!: Todos sabemos lo que es bueno. Con ciertos matices, claro. Sin embargo, el problema de la ética es definir qué mal es el menor. Definir cuando se justifica el sufrimiento o la miseria en pos de un bien mayor.
Ale*: Y por qué no nos sentamos a discutirlo, en vez de que algunos decidan por los otros?
Boo!: No podemos. Sin embargo, entre todos acordamos elegir a algunos de nosotros para buscar el bien de todos en común. Los elegimos y ponemos reglas para controlarlos.
Ale*: Eso tampoco resulta tan bien. La burocracia y la gente mala no deja que eso resulte. ¿Por qué tenemos entonces dos candidatos de mierda? ¿Cómo en los 17 millones de chilenos no hay alguien mejor? Algo no funciona.
Boo!: Y es entonces cuando descubrimos que somos tan malos como el Dios que no existe. Que buscamos el beneficio propio e inmediato, y que se joda el resto. Nuestros cerebros están diseñados para evitar el dolor y el sufrimiento, y hacemos lo imposible para conseguirlo, aunque signifique que lo sufran otros. He ahí la naturaleza del ser humano: un gusano es infinitamente mejor. Salvo unos pocos, que luchan contra una corriente de ignorancia y miedo, que son el combustible y el motor de cada una de nuestras acciones. Miedo al dolor, a la pobreza, al hambre, miedo al miedo. Incapaces de ver mas allá de eso, de comprender sus causas, de entender los motivos.
Ale*: ¿Crees que están diseñados? ¿No crees que fueron educados así? ¿No crees que es el dinero el que los hace egoístas?
Boo!: El dinero lleva unos pocos siglos siendo el protagonista de la historia humana. Sin embargo y por raro que parezca, el capitalismo es el modelo económico que mas ha contribuido en toda la historia de la humanidad a erradicar el hambre y la pobreza. ¿La culpa es de la educación? Es posible. Pero hay factores evolutivos innegables: el gusto por lo dulce, tiene que ver con la manera en que la naturaleza nos obliga a consumir alimentos ricos en energía… aunque ahora muchos de nosotros podemos comer bastante más de lo que necesitamos… El gusto por la comodidad, por el sexo, por la violencia… Son genéticas, apenas aprendidas. Estimuladas, claro, por la maquinaria de producción de seres humanos: el colegio, la universidad, el trabajo…
Ale*: Me rindo. Me suicidaré.
Boo!: ¿Ahora entiendes porque los grandes filósofos terminan locos? Los numeritos de los ingenieros no abarcan la complejidad de la existencia humana. Prefieren denigrar la filosofía o el pensamiento abstracto. Si todos pensáramos sobre esto, notaríamos que la existencia humana no tiene sentido ni propósito. Que no hay Dios. Que no hay reglas. Que a nadie le importa. Que estamos solos.
Ale*: No quiero estar cuando la Amazonía ya no esté, o cuando la selva valdiviana no esté. Mejor me voy ahora mismo.
Boo!: Al mismo tiempo es posible que entendiéramos la magnitud de nuestras capacidades, el que somos todos iguales, que somos todos una sola consciencia disgregada en millones de trocitos que juntos son capaces de mover la galaxia. La idea suicida que planteas significa que no entiendes que tienes tu propio poder para reforestar la selva, para ayudar a otros, para entender y descubrir la trascendencia de tu propia existencia
Ale*: No puedo. No puedo luchar contra el dinero. Simplemente no puedo.
Boo!: ¿El dinero? es como si dijeras “no puedo luchar contra las piedras”. El dinero no existe en el plano que imaginas. El poder del dinero es en realidad el miedo a su ausencia. Su ausencia “real” es irrelevante, es papel y plástico. Es el miedo a la falta de alimento, a la falta de comodidad. El dinero podría desaparecer, pero la raza humana seguirá temiendo a aquello que impide su supervivencia y eso sucederá siempre. Es un principio económico básico: las necesidades son ilimitadas y en comparación, los recursos son muy escasos.
Montesquieu, citado por Galeano, lo dijo de la manera más clara posible: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.
Tiene razón, aunque no lo crean. Dios está castigando a Haití. Leo algunos bíblicos comentarios sobre la tragedia, y no sé si reír o reír (llorar no es alternativa). Preparaos, impíos, porque Dios viene a castigarlos. De hecho, no sólo a ellos. A Estados Unidos también, y a sus soldados, y a sus homosexuales. El documental “La Familia más odiada de América” nos muestra a un grupo de fanáticos que va a los funerales de los soldados estadounidenses muertos en Irak, con pancartas y panfletos*, agradeciendo a Dios que estén en un cajón. Es el castigo divino por el libertinaje de una nación decadente.
Cuando Nitezche hizo su célebre declaración “Dios ha muerto”, no era una declaración de ateísmo. Era una observación sobre el estado de las cosas. La moral judeocristiana estaba en declive, la gente ya no creía en un Dios y por tanto su moral temblaba sobre la incertidumbre. Pero no olviden a Dios, gusanos. Dios está ahí, con un puñado de terremotos, sequías, tornados, erupciones, guerras, hambrunas, iglesias, corporaciones, bancos, multitiendas y gobiernos de derecha, listo para castigarnos a todos por no seguir sus reglas.
Recen sus padrenuestros, paganos! Quizás así se libren de la miseria! Akira se acerca! El fin se acerca!
Actualización: para los interesados en ver cómo Dios ama a los negros en Haití. Una galería de fotos que no hace sino renovar mi fe en el Todopoderoso.

*Mejor dicho, propaganda impresa. No vaya a ser que Dios me castigue también.

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