Los hombres y el porno
21 comentarios »Las cosas como son. A los hombres nos encanta la pornografía. En serio.
Cualquier tipo que diga que no le gusta, que le parece asquerosa, está mintiendo. Lo que pasa es que la pornografía es como cualquier otro arte. A mí me gustan mucho las películas de acción (Duro de Matar o El Transportador, por nombrar algunas) y detesto las películas para minas (Legalmente Rubia o La Boda de mi Mejor Amigo). Pero no voy a decir que no me gusta el cine sólo porque hay películas que no me gustan, y creo que nadie en su sano juicio lo haría. Lo mismo pasa con las preferencias musicales: mientras yo prefiero el metal, algunos prefieren el merengue. Pero nadie dice “no me gusta la música”, porque entre tanta variedad de géneros y estilos, alguno tiene que ser de su agrado.

Si usted tiene un pololo, pregúntele si ve porno. Si pone cara de ofendido y niega con pasión, le están mintiendo en su cara. El hombre que dice que no consume pornografía (teniendo acceso a ella, claro) también afirmará que nunca ha dicho mentiras, que nunca copió en una prueba o que nunca se ha masturbado. Incluso dirá que jamás ha sido infiel. Gente asquerosa, sin duda.
En la pornografía hay tantos géneros que es probable que el ciudadano común y corriente no haya visto casi ninguno. La mayoría de las personas que van al cine pagan por ver alguna superproducción y nada más. Y para satisfacerlos hay un mercado repleto de sosa y anodina pornografía heterosexual donde todas las mujeres son más o menos idénticas: (teñidas/depilación brasileña/implantes mamarios), los hombres parecen clones y la estructura narrativa es muy similar: Mujer se desnuda, sexo oral, penetración vaginal, cumshot. No es algo demasiado entretenido, no al menos después de haber cumplido 15 años.

Porno del fome. La silicona hace milagros, y convierte las tetas en una pelota de fútbol.
Si usted tiene gustos más sofisticados, seguramente prefiere un trago preparado con nombre de ciudad europea en lugar de cerveza, adora el cine conceptual franco-prusiano, el cricket y el caviar, así que no desespere. Hay muchos otros géneros de pornografía, más violentos, sádicos, divertidos, perversos, desviados y extraños, que sin duda serán más gratificantes que el ya mencionado, que aunque puede tener algunas variantes, es derechamente fome.
Cualquier persona que vea algo que se aleje de sus estándares de normalidad sexual, tiende a preguntar “¿Quien puede calentarse con eso?”. La respuesta fácil es decir “Tipos enfermos y quizás psicópatas. Sólo alguien cagado de la cabeza podría excitarse viendo algo así”. Sin embargo, esta respuesta fácil no necesariamente es correcta. Hay muchos niveles de perversión y morbosidad en cada uno de nosotros, y determinadas prácticas nos llaman la atención, incluso cuando no queramos reconocerlo frente a nadie (incluso ante nosotros mismos). Y en algunos casos hay un grado de liberación de cierta tensión sexual a través de la visualización de imágenes relacionadas, pero siempre dentro del ámbito de la observación y no la participación: a alguien podría gustarle ver algo, pero eso no significa que quiera hacerlo en la vida real.
Ella también tiene derecho al amor. y al placer. Y a ganar dinero fornicando frente a una cámara de video.
No voy a hacer aquí un listado de todas las variantes del porno, sino dejarles claro que no importa la edad, la pornografía es parte de nuestras vidas. ¿Se han fijado que en los kioscos aún venden revistas porno? Uno se pregunta quien carajo las compra cuando hay tanto material en Internet. La respuesta es obvia: los ancianos, que no saben usar Internet y que necesitan alivianar sus necesidades fisiológicas de alguna manera.
Que algunos nieguen todo esto es harina de otro costal. Es probable que si digo que esta es una generalización y que algunos hombres no ven porno, seguramente todos tratarán de meterse a como dé lugar en ese respetable y socialmente aceptado grupo, diciendo algo como “claro, vi un par de películas cuando pendejo, pero nunca me llamaron la atención, prefiero el sexo real”. Y a mí me dicen mentiroso.
Hace un tiempo la Universidad de Montreal tuvo que suspender un estudio acerca el consumo de pornografía en la población masculina por un problema inesperado: no pudieron encontrar hombres de 20 años que nunca hubiesen visto algo de porno. El mismo estudio indica que los hombres solteros dedican en promedio 40 minutos semanales a ver porno, y aquellos que tienen pareja, exactamente la mitad.
Ese promedio puede ser engañoso: uno puede pasar bastante tiempo sin ver absolutamente nada (no porque se esté “conteniendo”, claro está, sino porque tiene mejores cosas que hacer).
Otro mito es que la pornografía es sinónimo de masturbación. Aunque la autosatisfacción erótica sea uno de sus objetivos fundamentales, no es el único. También está el aprendizaje (la anatomía fenemina no tiene tantos misterios después de ver algo de porno), la diversión pura (ver lo que puede hacer la mezcla entre dinero y perversión) o simplemente para matar el tiempo. Hay gente que le gusta leer relatos eróticos, ver vídeos de asesinatos o sacarse los mocos cuando no tienen nada mejor que hacer, y algunos prefieren ver porno. Otros juegan World of Warcraft, lo que definitivamente me parece aún peor.
Como corolario final, debo decir que nunca he entendido la fascinación de algunos hombres por ver a las modelos en la tele y pasarse miles de rollos eróticos con ellas. Es decir, hablar y comentar sobre el culo o las nuevas gomas de la mina X (que nunca muestra realmente), cuando en la industria del porno hay cientos de mujeres demencialmente hermosas para todos los gustos, y donde además se las tiran.

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