¿Es posible que las mujeres tomen una decisión simple?

14 comentarios »

Escribí anteriormente sobre la tendencia de algunas personas de tomar decisiones importantes  de un sólo golpe y sin reflexionar mucho al respecto. Sin embargo, hay otra clase de decisiones donde las mujeres en particular se desempeñan bastante mal. Las decisiones cotidianas simples.

No me gusta mucho ir a comprar ropa. Cuando lo hago, decido en pocos segundos si es que “parece” haber algo en la tienda por lo que valga la pena pagar. De hecho muchas veces compro algo sin probármelo siquiera. Eso puede llevar a uno que otro error tonto, pero a estas alturas ya soy capaz de adivinar en la mayoría de los casos sin tener que ir al probador. En resumen, puedo entrar a la tienda, elegir, pedirle el teléfono a la cajera (si lo vale), pagar y largarme en menos de cinco minutos.

Las mujeres, en cambio, aman comprar, sobre todo cosas inútiles. He escuchado a muchas que declaran formalmente odiar ir de compras porque nunca encuentran algo de su talla/gusto/presupuesto, pero creo que son las menos. En general creo que aman pasar horas mirando porquerías que saben que no van a comprar, o pagando por algunas que no sirven absolutamente para nada. No tiene nada de malo, aclaro, es parte de su manera de ser.

El problema ocurre cuando una mujer es incapaz de decidir cuando está hablando con un hombre. Insisto, no me refiero a decisiones importantes, sino a las nimiedades de la vida diaria.

Este es un diálogo real (adaptado para proteger la identidad de los afectados). Usaremos la letra O de “ombre” (SIC) y letra N de “ninfa”.

O:¿A qué hora sales?
N: Como a las cuatro.
O: Ok, a qué hora te paso a buscar?
N: No sé.
O: Dime tú, yo me acomodo.
N: …
O: ¿A las cinco?
N: No sé.
O: ¿A las seis? (ya algo molesto)
N: No sé, dime tú lo que te queda mejor.
O: Te digo que me da igual, ¿a las siete? a esa hora hace menos calor.
N: Todavía hace calor a las siete.
O: ¿A las ocho entonces? ¿Nos juntamos a esa hora?
N: No sé.
O: (contando hasta diez). Te paso a buscar a las seis en punto. ¿Ok?
N: Bueno.

Acá hay otro ejemplo:

O: ¿Podríamos ir al cine, no?
N: Mmmmm
O: ¿Mmmmmm? No quieres ir?
N: Es que no tengo plata.
O: ¿Y? Yo te invito (por algo trabajo)
N: Mmmmm
O: Qué quieres ir a ver?
N: No sé, lo que tú quieras.
O: El transportador 3!
N: ¿Esa es de balazos?
O: Ehh… sí, debe tener algunos.
N: Mmmmmm.
O: Ok, elige tú. No hay problema.
N: Es que como no soy yo quien paga, entonces no puedo elegir la película.
O: ¿Qué importa quien paga? Revisa la cartelera y me dices qué vemos y a qué hora.
N: Dan Casablanca a las 20:30, Soldado Universal a las 20:45, Apocalipsis Now a las  20:50 y Rocco Invade Polonia a las 21:00.
O: Gracias, yo también sé leer. ¿Qué vamos a ver, y a qué hora?
N: No sé po’. Dan Casablanca a las 20:30, Soldado Univer…
O: Ya, ya! Veamos Rocco Invade Polonia. Donde nos juntamos?
N: No sé…
O: (azotándose la cabeza contra el piso).

Tenía pensados otros 20 ó 30 ejemplos, pero creo que se entiende la idea. No comprendo porqué muchas mujeres son incapaces de ayudar a los hombres tomando algunas decisiones. Alguna mujer dirá que lo que hacen es “guiarnos” hacia la respuesta correcta (que es lo que ellas quieren que hagamos), mediante la negación de posibilidades:

O: ¿Comamos algo rico?
N: Bueno.
O: ¿Pizzas?
N: Engordan mucho.
O: ¡Comida China!
N: La preparan con ratones.
O: Pollo con papas!
N: Tiene mucha grasa
O: ¿Sushi?
N: Mmmmm, bueno ya.

¿Por qué no se ahorran la saliva? Personalmente me gusta que cualquier mujer (pareja, amiga), sea capaz de decir algo en voz alta sin tener que acribillarla con preguntas. Esto no sería un problema si después no se quejaran por lo que decidimos. Que la comida no les gusta, que siempre vamos al mismo lugar, que hubiese preferido ver otra película. ¿Y por qué carajo no lo dijeron antes? Si quieren que las traten de igual a igual y no como unas tontitas, entonces hablen. Si no quieren, no se quejen de que las tratamos como seres inferiores. Si nadie les pregunta, pero tienen ganas de hacer algo, díganlo. Pero no digan “tengo ganas de salir” y que seamos nosotros los que pensemos en 25 alternativas. Si dicen “quiero hacer esto y aquello”, sería una gran alivio.

Hay otro tipo de mujer, que es la que asume el papel masculino en la relación, y que decide todo por él, desde lo que come, como se viste, con quien habla y donde trabaja. Aprovecho de enviar un saludo para mi ex-amigo Maximiliano Larrecheda Iturra, que pertenece a esta poco valorada categoría de hombres: los sometidos agarrados de las pelotas.

Si alguien me responde esta genuina pregunta con “A las mujeres hay que quererlas y no entenderlas”, se gana una patada en los huevos.  Ya que algunas mujeres suelen pasar por acá, me gustaría me dieran su opinión. Nótese que no es un problema exclusivamente mío, sino más bien generalizado, así que no se escuden en que soy un tipo demasiado mañoso. Que lo soy, pero no viene al caso.