Nada de qué preocuparse
12 comentarios »Cuando era mechón, -esa hermosa época universitaria llena de ilusiones, sexo sin protección, alcohol, experiencias notables y encuentros cercanos con todo tipo de gente- creía al igual que muchos que ciertas cosas que pasaban le importaban a todo el mundo. Bueno, no a todo el mundo, pero sí que era tema de ligera conversación al menos entre dueñas de casa, oficinistas o personas ajenas al asunto en sí.
Me explico: todo estudiante universitario que se precie de tal tiene que haber estado en al menos un paro y una toma. Es en algunos sentidos una prueba de temple, coraje y voluntad. Llorar buscando un limón en medio del gas lacrimógeno en medio de una protesta para exigir al Estado tomar un rol activo y preponderante en la educación superior. Y con una ingenuidad enternecedora trataban -tratábamos- de “crear conciencia” entre la población general sobre la importancia de la educación superior y su estrecha relación con el desarrollo de Chile y una sociedad libre, pluralista y democrática.

Aunque no soy muy comunista que digamos, participé en un par de movilizaciones estudiantiles triestamentales, en algunos paros reflexivos y otros instrumentos de presión. Sin embargo, no fue hasta que empecé a trabajar (trabajar en serio, no trabajitos de verano vendiendo mochilas*) y tenía un grado de relación más estrecho con personas fuera del ámbito académico, cuando pude comprender a cabalidad cuanto le importa a la gente cuando los estudiantes universitarios se van a paro:
Nada. Lo que se dice NADA. Ni un poco. Huevo. Cero. Nothing. Niunaweá. Ni un comino.
En este mismo momento, los trabajadores del sector público inician una huelga de 48 horas para exigir un aumento salarial. Salvo a las personas que van a perder parte de su día al tratar de hacer algún trámite, esto no le importa a nadie que no sea empleado fiscal o familiar directo de alguno de ellos. Los profesores continúan también en paro indefinido hasta que el Gobierno vuelva a reconocer la deuda histórica con algunos profesores del gremio. En la Araucanía, hay un estado de sitio que está a un paso de una guerra** declarada, donde la mitad del trabajo sucio lo hacen los medios de comunicación y la otra mitad pacos rasos que están ahí cumpliendo su deber.
No voy a cuestionar aquí y ahora si cada uno de estos grupos tiene razón o no en sus reclamos, o qué debería hacer el gobierno, el congreso, el poder judicial o la ciudadanía en su conjunto. Sólo hago notar el trivial hecho que todo parece estar bien, que la reactivación económica*** ya está en camino. Que mientras los candidatos presidenciales y parlamentarios están consiguiendo votos, Chile está bien. Nada de qué preocuparse. Nada que mirar, circule, circule. Estamos bien. Mañana mejor.

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