Y no hay más debates

31 comentarios »

Dejé pasar algo de tiempo para digerir el último debate presidencial. Ningún debate televisivo debe ser considerado como una plataforma para transmitir ideas o planes de gobierno. Se trata, en cambio, de una batalla en contra del resto. Una especie de “Royal Rumble” o “El último hombre en pie. Una pelea para que ningún periodista se quede con preguntas sin responder, o con preguntas “cagadoras”, para que los otros candidatos pierdan el hilo, la paciencia y las ideas. No importa mucho la calidad de la respuesta, sino que ésta sea categórica.De que el público no vea titubeos ni se quede con la lamentable sensación de que a su candidato “se lo cagaron”. No se trata, pues, de un enfrentamiento de ideas, sino de un concurso de retórica.

A estas alturas, creo que es evidente que Eduardo Frei no tiene manera de seguir subiendo en las encuestas. No hay modo. Simplemente no se puede ganar con un candidato tan poco carismático y que, además, ya tuvo su oportunidad en el sillón ejecutivo. Aunque repita doscientas veces al día “Soy el que continuará el camino marcado por Michelle Bachelet“, ese camino -si es que posible llamarlo como tal- dista mucho de ser perfecto. Y aunque los cuatro primeros años del anterior gobierno de Frei fueron estupendos (al menos en crecimiento del PIB), los dos siguientes se toparon con el descubrimiento de que en Chile sí había pobreza (tras el aluvión en Antofagasta, vimos que sí había gente viviendo en campamentos en una ciudad del Jaguar) y que la economía no estaba preparada para crecer indefinidamente ni para hacer frente a un desastre internacional (Crisis Asiática).

Lo peor de Frei es que al ser un mero continuista,  tiene que hacerse cargo de los errores ajenos también, incluyendo la larga lista de paros, tomas y huelgas que han marcado al período de la Gordis. No pudo dar una respuesta satisfactoria frente a la deuda histórica de los profesores (asunto sobre el que me pronunciaré en algún momento), le puso nota 9 de 10 al gobierno de Bachelet y a la larga no es sino el último respiro de la Concertación, que debe morir en estas elecciones para dar paso a un necesario reordenamiento político.

Marco Enríquez Ominami fue decepcionante. Aunque la pregunta de Amaro Gómez-Pablos sobre la reforma tributaria y su aprobación en el Congreso estaba mal planteada, no pudo responderla. Y se desdijo sobre el derecho al aborto, tratando de agarrar votos conservadores en una estrategia donde tiene poco que ganar.  Donde pudo responder mejor fue en el tema de la página web y su parodia sobre ciertos dirigentes políticos. Yo habría dicho algo como “Los presidentes de partidos son elegidos por las bases, pero no tienen control sobre el voto de éstas. Cada chileno vota en conciencia sin importar lo que diga un dirigente añejo que sólo busca perpetuarse en el poder.” En otras palabras, no pesquen a esos viejos culeados y voten por mí. Creo que a MEO se el acabó el nitro, y que requerirá de una inyección mediática de último momento (siete días antes del 13 de diciembre o menos) para pasar a segunda vuelta. O que Frei siga desinflándose, lo que también es perfectamente posible.

Jorge Arrate estuvo bien. Sólo bien. Just Fine. Es un buen orador, tiene ideas claras y una visión de país. Podemos discutir sobre si estamos de acuerdo sobre esa visión, pero es el único que tiene una. El problema es que no puedes decir que Cuba o Venezuela sufren de “distorsiones” a su democracia, y seguir legitimando situaciones que no se condicen con una república no-bananera.  Y la idea de un “acuerdo mínimo” para impedir que gane la derecha es a lo menos mediocre (y por “mediocre” quiero decir “cagón”). Creo que es improbable que mi voto vaya a otro candidato en primera vuelta, porque el es que mejor entiende la problemática de fondo en Chile.

Sebastián Piñera es pésimo debatiendo. Se pone nervioso, titubea, tirita, pone caras raras, se le acaban las frases clichés y los discursos “de futuro” y empieza a hundirse como un barco en un mar de ácido sulfúrico: hasta el fondo y completamente deshecho. También retrocedió y dijo que no habría un perdonazo a los militares procesados por torturas*. No es el mejor candidato, pero creo que es el que tiene mayores posibilidades de ganar. Aunque mienta, sea un conchesumadre, un estafador o cualquiera de las otras miles de cosas por las que cualquier ser humano tiene el legítimo derecho a despreciarlo.

Opino que la concertación DEBE salir del poder al menos un período, que debe reordenarse, deben transformarse sus partidos, idelologías y superestructuras para ser un nuevo conglomerado político. Si la derecha es la manera de hacerlo, bienvenida sea. Si es la izquierda. bienvenida también. Un cambio radical es la única manera de mejorar este país. Incluso un terremoto nos haría bien.

*Decir “Violaciones a los derechos humanos” es tan periodístico…