Cinco segundos para decidir

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Decidí estudiar periodismo de un momento a otro. Sólo hubo una persona cuya opinión me importase algo más que una mierda y que me dijo “deberías estudiar tal cosa“. Antes de decidirlo tenía un montón de dudas y cinco segundos después me olvidé del problema.

Fallé miserablemente la primera vez que di la prueba de ingreso a la universidad. Ponderaba como 650 puntos, lo que no me alcanzaba para nada decente. Postulé a carreras que sabía que estaban fuera del rango -sólo por si ocurría un milagro- y a algunas otras donde sí había cierta posibilidad.

Mis padres fueron claros: “debes estudiar en Santiago” (lo que desechó mi breve intento de estudiar periodismo en la Universidad Austral). Salvo eso, el mensaje fue algo como “te apoyamos en lo que decidas”.

Sin embargo, la realidad fue más bien como “no nos importa una mierda, haz lo que quieras“. Quizás sea injusto de mi parte, pero no recuerdo ninguna guía, ningún consejo, ninguna orientación sobre mi futuro, qué hacer o cómo. Que me dijeran “elige algo del área humanista” era tanta ayuda como una soga a un ahorcado.

Cuando llegaron los resultados y vi que podía estudiar Geografía en la Universidad de Chile, la decisión de no matricularme la tomé en diez segundos: el tiempo que mi viejo me dio, por teléfono. Si decidía inscribirme, él iba a pasarme el dinero para la matrícula y los gastos típicos de notaría. Ni él ni nadie me preguntó si quería estudiar eso, si había visto la malla curricular, si era mejor otra alternativa. Mi padre simplemente se limito a preguntar “ya, te vas a inscribir o no?”.

Otro ejemplo: mi hermano, al pasar a 3° medio, tenía que decidir el área de desarrollo. Estaba sentado con sus drugos, al fondo de la sala, esperando que empezara el jolgorio joroschó. Empezaron a llegar los alumnos del área humanista. Mi hermano quería estar en el área científica, así que se paró con desgano y camino hacia la sala correspondiente. Cuando llegó, vio que la sala estaba llena ¿Ir a buscar un puesto a otra sala? Al carajo, volvió a la suya y siguió la línea humanista. Así de simple. Una decisión muy meditada, muy estudiada, que contó con el apoyo e interés familiar.

Si me pongo a pensar, muchas decisiones realmente relevantes las he tomado en el instante mismo, sin ninguna reflexión anterior, sin meditar, y sin arrepentirme en los absoluto. No sé si seré una oveja negra en ese sentido, o la mayoría de la gente es tan poco racional como yo.