Me avergüenza de Chile
22 comentarios »Hay veces que siento vergüenza de vivir en Chile. Sé que ningún país o ciudad es perfecto, pero hay lugares muchos más imperfectos que otros. Entiendo que en África hay países donde la gente todavía se come -literalmente- entre sí, pero prefiero pensar en Suiza o Noruega, países mucho más avanzados y donde las mujeres no sólo son guapas sino que además son fáciles.
Esa vergüenza no sólo la siento cuando hay una guapa extranjera de intercambio pasando por ahí, sino también al ver pasar a alguien de cualquier país, incluyendo los mierables. Es una sensación de “bueno, es Chile… somos avanzados pero todavía nos falta, cof cof… Queremos entrar a la OCDE y tenemos TLC con medio mundo, pero por algún motivo todavía no aprendemos a limpiarnos el culo después de cagar”.

- Los vendedores callejeros. que hacen ver cualquier calle medianamente decente como un maldito mercadillo paraguayo. Escuchar los gritos de los bastardos promocionando sus mierdas chinas o robadas me enferma. Me alegra, en cambio, cuando pasa un paco -perdón un carabinero-de-la-nación-orden-y-patria-es-nuestro-lema, y escapan corriendo. Y si es que alguno es detenido, llego sonriendo a la casa. Mi dicha es inigualable si además de llevárselo preso le incautaron las porquerías que vende
- Las calles sucias. Basureros inexistentes y desechos que van desde envoltorios de dulces, chicles o pañuelos desechables usados a excremento humano. Por la cresta que somos sucios los chilenos. Seguro que hay países donde la gente está aún menos preocupada por el lugar donde deja caer los papeles, Nicaragua por ejemplo, pero en comparación a cualquier país medianamente civilizado somos bastante irrespetuosos con nuestro entorno.
- Las viejas que pelean por los asientos en el metro. Gordas como morsas, comadronas culeadas que creen que tienen algún derecho adicional al del resto de los mortales simplemente por tener que cargar con cincuenta kilos de sobrepeso, suspiran y mueven la cabeza en señal de desagrado cuando no les dan el asiento. Sus resoplidos de indignación y por lo general aspecto sucio y descuidado son igualmente molestos. Pero cuando entran no tienen problemas para correr hasta llegar a un asiento vacío.
- Los meseros. La mayoría son unos viejos culeados que no tienen la más puta de idea de nada cercano al protocolo. No saben de vinos, de combinaciones, de platos, de cubiertos, hablan mal, pronuncian pésimo, son ladrones, de manos sucias y por lo general incapaces de recordar el pedido de más de tres personas, aunque usen una comanda* para anotar. Ojo que no hablo sólo de los meseros universitarios que usan el pantalón a mitad de raja, barba descuidada y cara de imbecilidad extrema, sino también a esos viejos garzones “de toda la vida”, que atienden en locales de mierda insalubres (Como en Nuria o el Dominó) donde además cobran un ojo de la cara y medio testículo por un miserable pan con queso.
- Que algunos cafés/bares te agreguen el 10% de la propina en la cuenta como parte del total. Voy a iniciar una campaña para quejarme como niñita (con gritos, pataletas y VIOLENCIA EXTREMA) cada vez que me traten de pasar gato por libre con la cuenta. Fui mesero, y sé que cuando uno merece una propina cuando atiende bien. Pero si tienes que gritar para pedir la cuenta, el café está frío, se demoran media hora en atenderte y otra media hora en traer el pedido, no se merecen una mierda. Por último, es decisión mía si quiero o no dejar propina, mal que mal estoy pagando por mi comida, que está gravada por un impuesto innecesario. Ver el apartado de “meseros” para más detalles.
- La sobrevaloración de los celulares. Que un ejecutivo tenga un Blackberry de US$1.000, me da lo mismo, porque seguramente lo usa para revisar el correo (conectado al servidor corporativo Exchange), sincronizarlo con el PC (Agenda, contactos), revisar los precios de las acciones y jugar en el avión. Pero que un vendedor de multitienda, educadora de párvulos, gásfiter, o cualquier otro ser que gana el sueldo mínimo gaste más de lo que gana en un mes de trabajo (o una fracción importante de su salario) en tener un teléfono móvil de última tecnología es una siutiquería del porte de un transatlántico, más aún cuando trata de fingir que no le importa que los demás le pregunten cuanto le costó el juguete. Más ordinario que Blackberry con prepago. Y sí, los hay.
- Los noticieros: el periodismo es una mierda, y las noticias de las 21:00 son las más mierdas de todas. Cada vez que veo las noticias, siento deseos de comerme un puñado de alfileres.
- Los currículos: ¿Hay algo peor para la reputación de una persona que un currículo con faltas de ortografía? Las mentiras descaradas. Hijos de puta que ponen “Uso de Excel nivel Experto“. Pero les preguntas si saben usar macros y no tienen idea de qué les estás hablando. Expertos en MS Word que hacen los índices a mano. “Nivel de inglés Intermedio-Alto” y son incapaces de mantener una conversación trivial sobre cualquier tema. “Proactivo” o “Buen nivel de relaciones interpersonales” son otras de las joyas comunes que me dan ganas de destriparlos con un corta uñas.
Rápida y breve actualización: Si algún hijo de puta va a salir con “si no te gusta anda a vivir a otro país”, puede escribir su comentario en un papel, guardar el papel en una caja de fósforos, untarlo en vaselina y metérselo en el orto hasta que le salga por la garganta. Si la única respuesta a “Esto está mal, hay que cambiarlo” es un amariconado “así somos los chilenos, si no te gusta ándate a otro país, snif snif”, es que es usted un marica y un cagón conformista.
Hay muchas más cosas que detesto de este país de mierda. Pero nótese que estas son críticas constructivas y con visión de futuro, este miserable hermoso pedazo de mierda tierra tiene muchas cosas buenas que ofrecer. Entre ellas, a mí.**

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