Cumpleaños infantiles

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O mi memoria me traiciona al punto en que debiese poner en tela de juicio toda mi existencia, o cuando niño mis padres nunca fueron de aquellos que organizaban cumpleaños. Quizás una once con torta y un regalito discreto, pero poco más que eso. Quizás ese es el motivo por el que para mí los cumpleaños son fechas poco importantes, donde si alguien me saluda o da un regalo me parece bien, pero que no lo hagan no me causa ninguna extrañeza.

Pero hoy en día, para muchas familias los cumpleaños de los infantes son terriblemente importantes, que tienen un presupuesto asignado y deben planificarse con cierta antelación. Y en muchas ocasiones, prefieren pagar por arrendar un espacio por algunas horas que tener que pasar toda la tarde con la casa llena de cabros chicos gritando y rompiendo las plantas.

Estos cumpleaños infantiles son mecánicas repeticiones de lo mismo. Lo sé porque acompaño a mi polola a celebrar en las fiestas de los compañeros de curso de su sobrina. Voy con ella porque soy un buen pololo, porque la niña no tiene una madre muy responsable que digamos y porque probablemente lo paso bastante mejor que la mayoría de los niños.

¿Que yo lo paso mejor? Pues sí. Me gusta subirme al Barco Pirata, a los Autos Chocadores, al Tagadá y a la montaña rusa para niños. En serio, es muy divertido. En un buen día podemos pasar por diez juegos diferentes, y aunque no son como en Fantasilandia, por el precio* no me puedo quejar.

Pero no puedo estar por completo de acuerdo con ese tipo de cumpleaños. Son todos iguales: Uno llega y pasa una hora en los juegos. Luego atiborran a los niños con pizzas o hotdogs, algunos dulces, se canta el “Cumpleaños Feliz” masivamente a todos los niños (suelen ser entre ocho y diez festejados al mismo tiempo), un poco de baile y a las máquinas de video juegos. Dos horas y media después de llegar, buenas tardes que rico verte saludos cuídate mucho. El panorama tiene un poco de infernal, con una algarabía que cuesta soportar, música bailable para niños a todo volumen, cientos de pequeños purretes chocando entre sí como electrones excitados y padres con cara de culo que quieren gastar su fin de semana en cualquier otra cosa.

Cumpleaños infantiles

Es obvio que para los padres resulta cómodo: saben que en el peor de los casos el tiempo usado en el cumpleaños será de cuatro horas desde el momento en que salen de la casa hasta que llegan de vuelta. Pero los niños mantienen muy poco contacto entre ellos (el único momento en que están juntos es cuando comen, lo que dura una media hora), todo es siempre igual, como una fábrica de cumpleaños en serie. Rara vez uno sabe quien es el festejado, y poco importa realmente. La idea es que todos los niños lleguen a casa cansados y felices de ver por vigésima vez la misma película.

*Gratis, pagan los padres del niño cumpleañero.