Argentina se pone al nivel de Chile en esquizofrenia

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¿Tiene sentido permitir algo y prohibirlo al mismo tiempo?

En “Hacia una teoría de la esquizofrenia“, Gregory Bateson establece que ciertos patrones conductuales y comunicativos tienden a crear callejones sin salida, donde no importa lo que suceda, una persona (la “víctima”) sale perdiendo. En términos amplios, se establece cuando la víctima recibe una instrucción que prohíbe u ordena algo, una segunda instrucción que es contradictoria con la primera en un nivel más abstracto, y una tercera instrucción que prohíbe a la víctima salir del esquema. Este patrón, que genera en la víctima pánico y rabia constante, es llamado “doble vínculo”.

Consumo privado de marihuana

La Corte Suprema de Argentina decidió ponerse al día en liberalidad y permitir el consumo privado de marihuana. Esto es, que cualquier adulto puede fumarse un porro, siempre que esté solo, en un lugar privado y no le joda la vida a nadie. Esto es algo que en Chile está permitido desde más o menos 1995.

¿No es acaso forzar a la esquizofrenia de toda la sociedad cuando una institución envía mensajes doble vinculares? O sea, Argentina acaba de dar un enorme paso para llevar a sus ciudadanos a la esquizofrenia colectiva. Lo que dice la institucionalidad en Chile (y desde ahora también en Argentina) es más o menos lo siguiente:

Instrucción A: “Está permitido fumar marihuana”

Instrucción B: “Está prohibido comprar/cultivar marihuana”

Instrucción C: “Es la ley”.

Como ya sabrán, tengo una fuerte aversión a las drogas ilegales. Pero tratando de ponerme en la mente de un tipo cualquiera que le gusta fumarse un pito de vez en cuando ¿qué puedo hacer? Al mismo tiempo que la institucionalidad me reconoce como adulto autónomo, libre y responsable, me impide satisfacer ese deseo. Una persona cualquiera que quiera satisfacer su necesidad personal de consumo está obligada a comprársela a un traficante, ya que el autocultivo está prohibido. Pero comprársela a un dealer… ¡es delito también!

Mi conclusión al respecto es que los tarados del Conace (y su equivalente argentino, que seguro también usan alguna sigla de mierda que no me molestaré en averiguar), viven atrasados doscientos años. Si una persona fuma marihuana en un lugar público o en grupo, puede ser condenada a trabajos comunitarios, multas o envío a algún centro de tratamiento.

Con este “nuevo enfoque”, el consumidor no es tratado como un criminal, sino como un enfermo que necesita ayuda”.

¡NO HIJOS DE PUTA! ¡NO! ¡NO SON ENFERMOS! ¡SON PERSONAS QUE DECIDEN LIBREMENTE!

¿De donde viene la necesidad de etiquetar como “anormales” a quienes se drogan? Los “enfermos” son sólo los consumidores problemáticos, los tipos que roban, asaltan y matan para drogarse. Entiendo que ellos sean enfermos y que deban recibir atención médica. Pero no todo el mundo. Conozco decenas de personas que se han fumado un pito más de una vez, incluso algunas que lo hacen regularmente, y eso no significa que sean unos pobrecitos enfermos que requieran que alguien los interne en una clínica de desintoxicación.

¿Imaginan que a la salida de un McDonalds un par de enfermeros los sujetan a la fuerza y los llevan a una clínica para bajar de peso?

“Lo hacemos por tu bien, esa comida chatarra daña tu salud y tu vida. Pasarás 30 días encerrado con otros como tú para que nunca más lo hagas”.

Suena de locos. Es de locos. Sólo una sociedad estúpida lo permitiría. Pero no estamos solos: los argentinos se subieron también al carro de la esquizofrenia social. Es un viaje con boleto sólo de ida, me parece.