Cinco cosas que aprendí de mi padre

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Se acerca el día del padre, que es ese tipo de celebraciones que dejaron de importarme cuando tenía 6 años, pero creo que un momento de reflexión (y dado que el aburrimiento me impide pensar en un post más interesante) es siempre una buena idea.

  1. Aprendí -más o menos- a plancharme las camisas. Es bastante complicado y requiere de una buena técnica para no terminar poniéndose un repollo. Sin embargo, cuando tenga dinero suficiente, pagaré porque alguien planche mi ropa por mí.
  2. Aprendí de mi padre que si gritas lo bastante fuerte y durante el tiempo suficiente, las personas no querrán seguir discutiendo. Es una manera de ganar, aunque a nadie le guste.
  3. Aprendí que el dinero es una cosa mágica y extraña que actúa por sí sola, sometida a los caprichos de mi madre o a las inclemencias del destino. Por suerte he podido desaparender esto, de lo contrario estaría quebrado.
  4. Aprendí las divisiones con dos números en el divisor. Me costó escuchar más o menos 40 gritos.
  5. Aprendí que el ajedrez en un juego de concentración, no de estrategia. Y que tratar de desconcentrar al rival mediante risas, flatulencias, murmullos o  burlas es perfectamente válido.

Ya saben como es esto: seleccionen a unas cuantas personas y les piden que contesten. Voy a elegir a dos chicas, no me pregunten el motivo.

Myriam

Kozmica