¡Trabajo, trabajo, trabajo!
11 comentarios »Cuando era muy chico, tenia grandes dificultades para decirles a mis amigos, compañeros y/o profesoras en qué se ganaban la vida mis queridos padres. En el caso de mi padre, porque nunca sabía bien lo que hacía. En el caso de mi madre, ella -como si nada- me dijo “trabajo como ejecutiva en una AFP”, cuando le pregunté.
Piensen en un niño de ocho años tratando de explicar en la sala de clases algo más o menos como lo siguiente:
“Todos los meses a las personas se les quita de manera obligatoria una parte de su sueldo -lo que es conocido como imposición- para invertirlo en el mercado de capitales, donde va creciendo de manera prácticamente aleatoria de acuerdo a lo que pase en la economía del mundo. Así, cuando la persona es viejita y no puede trabajar, tiene una especie de chanchito lleno de ahorros, que puede usar para mantenerse. Y mi madre tiene alguna relación con todo eso”.
Creo que a esa edad resulta más fácil copiar lo que dijo algún compañero antes y decir que mi madre es “enfermera” o “profesora”. Lo mismo en el caso de mi padre.
“Existe algo llamado “proyectos”, donde hay mucho trabajo y donde se compran cosas como “software” y “hardware”, que requieren personal especializado para ponerlos en un lugar que nunca es el apropiado con gente que nunca sabe bien como usarlos, y que finalmente hacen que alguna empresa haga las cosas mejor que antes. Eso se llama “implementación”, y mi padre parece tener algún puesto de gerencia de nivel intermedio donde dice cosas como “hay que despedir a ese huevón” o “la red no funciona, cagamos”.
Aunque pensándolo bien, decir en qué consiste mi trabajo resulta igual de complicado. Ok, me falta la Memoria de Título (oh, ese eterno tema pendiente que remuerde mi conciencia) para ser periodista “de verdad”, pero en términos concretos creo que ya puedo considerarme uno.
“Aunque soy periodista, trabajo en una empresa de consultoría sobre tecnología, y donde tengo que aplicar conocimientos de comunicación, procesos, flujos de trabajo, informática avanzada, diseño, redacción, programación y algunas otras cosas no del todo reconocidas por el método científico, como los rezos para pedir inspiración divina, el uso del dado de diez caras para tomar decisiones o el mirarse todos con caras de “no tengo ni puta idea de lo que estamos haciendo”.

Últimos Comentarios