Me creo inteligente por criticar SQP
44 comentarios »Hace un par de días llegó un comentario a mi blog de tecnología -que reemplazó a Mi Computador Murió-, donde escribía sobre un supuesto robo de dominios y otras vainas que no viene al caso explicar acá. Lo interesante es que se generó algo de debate al respecto. Y un Iluminado (no puedo llamarlo de otra forma) hizo el siguiente comentario:
Que triste es hablar sin tener la mas mínima idea de lo que estás diciendo.
Argumentos básicos, mínimos, que hasta un adolescente pokemón sabe(…). Ese argumento, es casi digno de presentadora rubia de SQP.
El resto, un análisis bastante pobre de la realidad de los sitios-comunidades, digno de 1era semana de universidad (…).
Y me pregunto, ¿quien mierda es este saco de huevas? ¿ Quien es este genio que tiene ideas elevadas y poderosas, y que no puede evitar la gloriosa tentación de compartirlas con el populacho?
Al parecer no hay respuesta para eso. No tengo idea de quien es, pero me sorprende su dominio cabal y completo sobre el tema. Porque acusar a SQP -o cualquier otro programa similar – de ser “estúpido”, es un facilismo casi imperdonable. Un lugar tan común que casi no merece comentario. Casi.
Porque -guste o no- SQP es un programa con notables y estables niveles de audiencia, Del mismo modo que Las Últimas Noticias es el diario más vendido de Chile (y Lun.com, su versión digital, está entre los diez sitios más visitados del país), y son parte de la dieta habitual de consumo de medios de la población chilena.
En otras palabras, decir “presentadora rubia de SQP” no te pone muy arriba del nivel general de la mayoría de los chilenos. Como mucho se podría dejar de ser analfabeto disfuncional, triste rango al que pertenece, dependiendo de la fuente que consultemos, entre 50% y 75% de la población. Quien señala, con tanto desparpajo y desprecio “casi digno de…“, como mucho está comparando a alguien con su propio referente de lo que considera como “estúpido”.
Si ese ejemplo es el referente de lo banal, superfluo o simplemente tonto, podemos preguntarnos sobre cuales son sus referentes de otras cualidades, valores o defectos. Todos ellos marcan qué parte del mundo podemos abarcar conceptualmente en nuestro cerebro. Del mismo modo que un niño podría tratar de ofender a otro al decirle “eres más feo que una araña, alguien puede atacar con la frase “eres mas tonto que una mina de SQP“. Sólo un niño podría sentirse atacado en el primer caso, y sólo un retardado en el segundo.
No voy a citar a Eco para tratar de, a lo menos, cuestionar esa noción de ” alta y baja cultura” (todos leímos a lo menos 2000 paginas del italiano en la escuela, sin contar las novelas, así que no me hagan repetirlo). Pero sí me interesa argumentar sobre el hecho de que definir tus referentes es definirte a ti mismo.
Pongamos un ejemplo: Puedo considerar que Adolf Hitler era una buena persona, porque no fumaba, no bebía alcohol, era vegetariano, y además era inteligente: levantó a la desmoralizada (y económicamente destruida) Alemania, para convertirla en la potencia que era cuando se inició la II Guerra Mundial. Pensar que Hitler fue bueno por eso inmediatamente me cataloga como, a lo menos, un poco amante del fascismo. Pero pensar justo lo contrario -que era un ser despreciable-, por planear la matanza sistemática de millones de personas, me ubica en un sector más de izquierda. Relativizar a Hitler advierte de una cierta ambivalencia moral poco aceptada por la mayoría de los credos, por lo que me señalaría como agnóstico.
Calificar un concepto inevitablemente nos señala tanto o más que lo señalado.
Recuerdo que Eduardo Santa Cruz fue uno de los primeros en considerar el fútbol y las teleseries como fenómenos sociales dignos de análisis. Es decir, toda la serie de rituales asociados al consumo de un determinado producto, sus consecuencias en la creación de una chilenidad. Probablemente SQP sea en algún momento digno de semejante distinción. Pero no será un pobre y triste huevón quien pueda darse cuenta de eso.
Y el lector que cree que puede ofender a alguien diciéndome “eres tan tonto como una de esas minas”, debe seguir creyendo que ha conseguido herir mi ego de intelectual que necesita demostrale a todo el mundo que desprecia la televisión basura. En cambio sonrío y, virtualmente, le doy una palmadita en el hombro.

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