Iron Maiden en Chile: Aprobando con lo justo

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Somewhere back in time ’09

¿Alguien me puede explicar porqué el público chileno es tan indulgente? La verdad es que no puedo concebir un concierto de Metallica sin Master of Puppets, ni uno de Iron Maiden sin The Number of the Beast, pero ¿es necesario que toquen siempre las mismas canciones?

Una de las gracias que tuvo el último recital de Megadeth fue que -al menos a mí- sorprendieron tocando She-Wolf. ¿Cuanto tiempo lleva Iron Maiden tocando exactamente lo mismo? Creo que esperar que alguna vez se manden el numerito de tocar The Ghost of the Navigator o Alexander the Great es demasiado pedir. Eso sí sería una verdadera sorpresa. Sólo the Phantom of the Opera fue más o menos interesante, de las -calculo- 18 canciones del concierto. Y el cover de The Trooper de Children of Bodom es a lo menos 50% más rápido que el original de Iron Maiden, por lo que suena como de unos viejitos -que lo son- sin energía, y escucharlos tocando esa canción no es nada impresionante.

Tampoco el tema rockero-de-estadio típico de Maiden: Fear of the Dark. 60 mil personas coreando la canción suena sin duda tremendo, pero cuando vemos lo mismo en cada recital, en cada DVD recopilatorio, en cada especial de algún canal de música… es, a lo menos, un recurso sobreutilizado al extremo.

Hay que darle al show el crédito que se merece. Pirotecnia, lanzallamas, iluminación acertada y los muñecos mecánicos le dieron mucho aliño al espectáculo. Las pantallas gigantes, bien ubicadas y con una imagen de muy buena calidad, salvo un par de cortes de pocos segundos. El sonido, regular. Cumplió con lo necesario, pero fue el típico “surround 1.1″, a años luz de un recital de Roger Waters, por citar un ejemplo. Y no me digan que es “sólo potencia”, porque después de Motorhead pasé dos días con un pito en los oídos, ya que tocaron a humildes 120 decibeles. Eso sí era potencia.

Además, la espectacularidad debiese ser un complemento a la música, no el sustituto. Mal que mal los fuegos artificiales los puedo ver en Año Nuevo, pero pocas veces uno puede escuchar a un grupo legendario como Iron Maiden. El problema es que en vez de sorprender con algo nuevo, con canciones diferentes, se van a lo más fácil: poner un petardo.

El show se me hizo corto. Recordemos que el súper frontman Dickinson estuvo a un paso de hacer un discurso a lo Fidel Castro, y su interminable bla bla bla sobre “este es un recital de metal, pero por favor no salten mucho” no es lo que uno quiere ver o escuchar, (y para mí no forma parte del show) el concierto repetitivo, y poca innovación -más bien ninguna- en lo realmente importante, que es la música.

Y no importa la basura que digan los pelotudos de la Radio Futuro, que a esa mierda de radio hace rato que le está faltando rock.