Momento Glorioso
6 comentarios »Eran poco más de las 10 de la mañana y tenía que esperar hasta las once y media. Así que entré a un local en Manuel Montt para esperar. Era, con seguridad, el primer cliente del día, porque la mesera estaba ordenando las mesas sin ponerse aún el uniforme.
Subí al segundo piso. me senté cerca de la ventana. La mesera se acercó con la carta.
-Un expreso. Doble. Y un sandwich.
Saqué el montón de hojas que llevaba en la mochila. También un lápiz y los audífonos, para concentrarme.
El café duró menos que mi devolución de impuestos. Se acercó otra chica a retirar la taza. Me fijé que era algo mayor que la otra.
-¿Disculpa, tú eres la dueña?
-Sí.
-¿Te puedo pedir otro café?
-Claro. ¿Igual?
-Mmmm, ojalá que esté más caliente. El otro estaba tibio.
-Bueno, yo te lo traigo.
Volvió un par de minutos después, con una segunda taza. Miró los papeles que cubrían la mesa, plagados de rayados y anotaciones al margen.
-¿Estudiando? -preguntó.
-No. Estoy corrigiendo una novela.
-¿En serio?
-Sí. En realidad aquí están sólo los primeros cinco capítulos.
Creo que pocas veces he sentido que una chica me mire con esa fabulosa expresión, al menos no una que ni siquiera conozco. Esa manera de mirar que dice “por favor, métemelo aquí y ahora. De todas las maneras que quieras, todas las veces que quieras”. Inclinó la cabeza para ver mejor las hojas.
-¿Quieres ver?
-Sí -Respondió.
Le mostré algunas páginas.
-Bueno, este es el original. Lo leo y voy marcando palabras que hay que cambiar, o frases que se tiene que corregir porque suenan mal.
-Ahá.
-Este es un mapa de personajes. Aparecen los protagonistas, los personajes secundarios, y las relaciones entre ellos. Está hecho capítulo a capítulo, porque las relaciones entre ellos cambian según avanza la historia. Y este es un mapa de las estructuras narrativas, para comprobar que la historia es fluida, coherente e interesante. Ella no miraba las hojas, me miraba a mí y asentía.
Mientras hablaba, llegó mi hermano, que era a quien esperaba. La chica preguntó si quería algo. Le trajo un café y unas galletas. Un rato después pedí la cuenta a la mesera -que ya tenía puesto su uniforme y atendía otra mesa- pero me la trajo la dueña. Esperó a que dejara un billete sobre la mesa y volvió con el vuelto y la boleta. Dejé el 10% exacto de propina.
-¡Chao! ¡Que les vaya bien! ¡Suerte con tu novela!
Me di la vuelta y sonreí. Mi hermano se rió y me dio un golpecito en el hombro. Así que por favor, Tobías, termina el primer borrador de los demás capítulos de una vez por todas.

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