Sinceridad, Honestidad y Franqueza

6 comentarios »

La separación entre estos conceptos nació, al menos para mí y unas otras pocas personas más, a partir de una campaña de L5A, donde se hace mención a la “sinceridad” como la habilidad de “aparentar creer en lo que se dice”, es decir, “no tener cara de mentiroso”. Es hablar de algo verosímil, que nosotros hacemos parecer como “real”, sin entrar a pelear las mil nociones de “realidad”. Es real porque no parece falso, simplemente.

Un ejemplo algo burdo de lo anterior es la gente que comienza sus correos electrónicos con “Estimado” y los firma con “Saludos Cordiales”. La verdad es que no importa lo que diga el mensaje, ponen una sonrisa virtual de buena crianza, pero la mayoría de las veces a te importa bien poco la otra persona y en muchos casos preferirías que le cayera un piano encima, porque por mucho que pongas “estimado” no lo estimas en lo absoluto. Otro ejemplo: cuando uno conoce a alguien y dice “encantado”. En estos casos la sinceridad es la capacidad de que el resto no te vea como un mentiroso, aún cuando pueda suponer que no los estimas en lo absoluto y que no estás realmente encantado de conocerlos.

Según un amigo, la gente en verdad busca la sinceridad, es decir, que le digan lo que quieren escuchar; la versión tranquilizadora y edulcorada de las cosas. Aunque la mayoría de las personas suele decir que prefiere saber la verdad a la dichosa ignorancia, es cosa de mirar un poco hacia atrás y preguntarse cuantos problemas se hubiesen evitado si la versión oficial hubiese sido la única. El axioma “La verdad nos hará libres”, aunque parece tener mucho sentido, es un ejemplo claro de verdad paradigmática, no de verdad “real y cotidiana”. La verdad no siempre nos hará libres, y puede perfectamente ser al revés.

La verdad. Pura y simple verdad. Considerando la franqueza, que defino más adelante, sería la verdad dicha con empatía y tacto. Esto no quiere decir que digamos lo que creemos que la otra persona quiere escuchar, sino decirla pensando en que la persona que tenemos al frente es precisamente eso, una persona, y no es necesario tirarle a la cara todo lo que uno piensa. El paradigma actual es que uno debería ser honesto la mayor parte del tiempo, sobre todo con las personas que uno aprecia.

Me dijo alguien que mi vida debía ser patética si con mis amigos era necesario hacer la diferencia de cuando hablábamos sincera u honestamente. Puede que sea cierto, pero una segunda reflexión me da una sensación distinta. ¿Cuantos están dispuestos a escuchar de buen grado que un amigo les diga “oye, tu polola parece una vaca”, o “que buen culo tiene tu vieja, le daría todo el día”?

Pueden acusarme de pesado, y no lo negaré, pero la pregunta es genuina. Otro ejemplo: ¿Cuantas veces les han preguntado “¿cómo estás?” y la respuesta se limita a “estoy bien, gracias”? Puede que ese día tuvieran ganas de tragarse una Holy Granade, pero uno responde de manera sincera y la otra persona se lo cree. Habrá quien me diga que no es posible andar por ahí contándole la vida a todo el mundo, y es cierto, pero sigue siendo una manera de ser sincero y no honesto.

Ahora ¿no les parece que decirles a los amig@s que no ha pasado nada con una ex que se supone que odias es ser sincero y no honesto? Darles una versión oficial para que no se vean en la obligación de decirte algo que no quieres escuchar es más de lo mismo. Decirles a tus viejos que te está yendo bien en la U cuando en realidad estás escribiendo solicitudes para tomar un ramo por tercera vez o pasar mucho tiempo mirando a una chica y fingir que no pasa nada porque resulta que es la polola de un amigo o porque estás comprometido. ¿No es mejor ser tener clara la diferencia y aplicarla conscientemente, que mentir (como todo el mundo lo hace) y creer que se es una persona digna de confianza? ¿Van a decirme que en todos los casos que he citado (y saben que son ejemplos bastante concretos) era mejor ser honesto que sincero? Si necesitan más ejemplos empíricos tengo por montones y sé que a ustedes se les ocurren más.

La franqueza, finalmente, es la verdad cruda, directa y sin tapujos, usada entre caballeros. O al menos entre hombres. Es la verdad poco diplomática dicha a la cara y que suele provocar admiración y puñetazos a partes iguales. Y creo que incluso entre amigos suele ser más bien escasa, algo no tan malo después de todo. Por lo general va antecedida de “Como amigo tengo que decirte que…”

Ahora, el punto no es que a mí me de por teorizar acerca de relaciones humanas y dar la lata (bueno, sí un poco), sino que en realidad creo que todos nos manejamos dentro de estas variantes. De vez en cuando nuestro subconsciente nos suelta un rato y nos permite elegir en que modo queremos estar, pero tengo la idea de que la mayoría de las personas pasan de uno a otro sin fijarse mucho. Y pareciera que se contradice directamente con el titulo del blog, que es una declaración de principios orientada a la franqueza absoluta.