Mujeres Maltratadas
17 comentarios »Hace unas semanas, compré un The Clinic, donde salía un pequeño artículo sobre adolescentes maltratadas por sus parejas. Venía, además, un mini cuestionario para determinar conductas de agresividad, y lo copio a continuación:
Tu pololo:
- ¿Trata de impedir que veas a tus amistades?
- ¿Insiste en saber dónde estás en todo momento?
- ¿Se molesta si hablas con una persona del sexo opuesto?
- ¿Sospecha a menudo que eres infiel?
- ¿Exige que le pidas permiso para tomar ciertas decisiones?
- ¿Te insulta o te hace sentir mal?
- ¿Te menosprecia o humilla delante de otras personas?
- ¿Hace cosas a propósito para asustarte o intimidarte?
- ¿Amenaza con herirte o a alguien que te importe?
- ¿Quiso que tuvieran relaciones cuando tú no deseabas, y tú lo hiciste por miedo de lo que te podía hacer?
Me llamó la atención que le mostré las preguntas a mi polola, me comentó haber tenido antes varias parejas con algunas de esas conductas, en especial los celos excesivos (nótese el “excesivos”, porque a veces yo también los tengo, y supongo que todo el mundo en realidad). El “paqueo”, esa presión incesante de saber dónde está, con quien, a qué hora y haciendo qué, parece ser la más recurrente. Por lo que me han comentado otras personas, la amenaza de violencia es más o menos frecuente también. No sólo algo como “te voy a sacarte la conshetumare” , sino la frase típica “es que tú no sabes de lo que soy capaz” (expresión que me suena cargada de agresividad, no sé que opinan ustedes).
Leyendo esa lista de diez preguntas, creo, honestamente, que soy un gran tipo. Quizás tengo un pasado terrible de infidelidad y mentiras, pero nunca, NUNCA le he pegado a una mujer. NUNCA le grité a una, incluso en mis momentos de enojo. NUNCA amenacé. NUNCA he insultado a una mujer. Jamás. Y no me sentiría satisfecho al decirlo, si no fuese porque al parecer, son actitudes mucho más comunes de lo que parece.
Como es “lo correcto”, dudo mucho que alguien apoye públicamente lo que diré a continuación: Una cosa es que nunca le haya pegado a una mina, pero no voy a negar que me han dado ganas. No de pegarle patadas en el suelo y azotarle la cara en el pavimento, pero sí de darle una cachetada y decirle “Cálmate-cállate-obedece, mierda”. A veces me da la impresión de que, tal como a los niños hay que retarlos de vez en cuando para que aprendan algo de disciplina, a algunas mujeres hay que cachetearlas un poco, para que espabilen.

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